Los días tristes

Hay días que no quieres nada, sobre todo los primeros meses, son difíciles, pero después de año y medio aquí puedo asegurar, que aún tengo días tristes.

Muchas personas que migran vienen en pareja, o en familia, o tienen a alguien cercano en la ciudad donde se encuentran, y no voy a decir que no es difícil para estas personas porque también lo es, pero encontrarte absolutamente solo en una ciudad nueva, con costumbres diferentes, idioma diferente, etc., es muy difícil.

En el caso de las Au Pair, para mí existen dos situaciones, la que viene y se devuelve en seis meses o un año y la que tiene un objetivo que la aleja de volver pronto con su familia, así entonces hablaré de los días tristes en ambos casos.

La Au Pair que emigra de forma temporal siente una tristeza temporal, aunque suene redundante, es una persona que va a disfrutar de la experiencia, pero en los momentos que no se sienta bien va a contar los días que le faltan para volver a casa.

Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia.

Estas personas que tienen una fecha de regreso, tal vez, a mí parecer, disfrutan un poco más de la experiencia porque sienten que todo lo nuevo y desconocido tiene un final, entonces tratan de usar todo su tiempo libre para salir, conocer o visitar, y se enfocan en hacer todo lo que puedan para sacar el mayor provecho posible de su viaje. En medio de esto, se encontrarán con momentos y lugares que quisieran compartir con su familia, sitios donde dices: “Ojalá mis papás estuvieran aquí para ver esto”, o “mi hermano amaría esta comida”, entre otros; su tristeza se va a concentrar en no poder vivirlo todo con las personas más importantes de su vida, pero al mismo tiempo saben que su familia es feliz con lo que están viviendo.

Creo, o por lo menos con las experiencias que conozco, que el momento más triste para estas Au Pair es la hora de volver, es extraño porque habían estado tristes por estar lejos, pero el día que llega el viaje de vuelta se dan cuenta que se acabó y que volver no es tan sencillo, que si bien se van a reencontrar con su familia también dejan muchas cosas en el país donde han vivido los últimos meses, y lamentablemente así es la vida, todos quisiéramos tener lo mejor de ambos mundos, las experiencias nuevas y a los que amamos bien cerquita, pero no todo se puede.

Cuando el objetivo es quedarse en el país de acogida por trabajo, estudios u otros, no tienes idea de cuando vas a poder volver a casa, aunque sea para unas vacaciones. Este es mi caso personal, decidí hace mucho tiempo que Francia es el país donde quiero quedarme a vivir por unos años, quiero continuar con mis estudios aquí y hacer una vida, por lo menos por un tiempo. Esto me ha traído muchos días tristes, muchas veces me pregunto porque tomé esa decisión, podría perfectamente volver a mi país, estar junto a mi familia y hacer una vida, aunque no sería fácil pero aquí tampoco tengo nada regalado, así que al final donde quiera que este deberé luchar por lo que quiero, y la conclusión siempre es la misma: me quedo.

La tristeza suele combatirse con compañía y en tu vida existirán los amigos del viaje, la familia de acogida y el internet, en los primeros, apóyate, y en el último refúgiate, no se imaginan lo que una videollamada puede ayudar, aunque madrugues o trasnoches para poder decir hola y tener una conversación de 5 minutos, será una de las mejores sensaciones del mundo, tener acceso a todas las plataformas es una ventaja enorme que tenemos en esta época y debemos explotarla, yo no hubiera podido emigrar si tuviera que esperar meses y meses por una noticia de mi familia.

Con la familia de acogida nunca se crea un vínculo completo, no son personas a las que vayas a contarles tus problemas, y no por ellos, sino porque en tu cabeza, siempre serán tus jefes, siempre serán una figura de autoridad con la que no vas a tener una confianza total, porque no sabes tampoco que sucede en sus vidas y lo que menos quieres es molestar, es difícil, tanto para ti como para ellos.

Así que cada vez que estés triste deberás vivir con ello y para eso tengo algunos consejos:

  • Son días de trabajo normal, aunque no vas a querer hacer nada, ni hablar con nadie, ni mucho menos ver niños, es tu trabajo, no es como que puedas “hacerte” el enfermo y ya, debes recordar que sea como sea y por más difícil que sea esta situación, fuiste tú quien decidió venir, quien decidió tomar este camino en la vida, y que de la misma manera adquiriste una responsabilidad para con la familia que te recibe.
  • Sal de casa, esos días, durante tu tiempo libre dedícate a ti, a respirar, encuentra un lugar para calmarte y llorar si es necesario. Abraza la soledad, no digo que estés solo siempre, pero aprender a disfrutar de uno mismo, a conocerse y a sentirse bien estando solo es importante, esto va a ayudar a que la tristeza sea llevadera e incluso a encontrar nuevas formas de sentirse feliz, les sonará raro, pero yo he aprendido tanto sobre mi misma que ya hasta me gusta ir a cine sola, tomarme una cerveza conmigo misma, o hacer recorridos en una ciudad solo con mis pensamientos.
  • Rodéate de buenos amigos, claramente acabo de hablar de estar solo, pero es importante también tener por lo menos una persona con la quien contar, porque por más que la tecnología sea una ayuda enorme y conocerte sea indispensable, un hombro para llorar o un abrazo en vivo y en directo no están de más, los humanos somos seres sociales por naturaleza y es importante tener a alguien con quien desahogar lo que sentimos y que pueda darnos una palabra de aliento.

Los días tristes van a existir siempre, no hay una formula para eliminarlos de la vida, pero sí hay maneras de aprender a lidiar con ellos, recuerda que para emigrar se debe ser valiente así que si ya diste o vas a dar ese paso enorme, un día triste o dos (o muchos) no van a poder contigo.